PRINCIPIO BIOCÉNTRICO

No es difícil descubrir, en la perfecta organización de los seres vivos (plantas o animales), una determinación genética que sigue rigurosamente el programa morfogenético y fisiogenético, que no depende del comportamiento voluntario ni de la intencionalidad.

¿Cuál es la inteligencia organizadora de la vida? ¿De dónde surge el orden fisiológico que se manifiesta como una forma específica animal o vegetal? El programa genético se trasmite a través de millares de años y cambia, se perfecciona o desaparece.

Francisco Varela examinó la autoorganización de los sistemas vivos. Humberto Maturana inició los grandes interrogantes sobre la ‘autopoyesis’ (el organismo que se genera a sí mismo), en el libro «Las máquinas y los seres vivos». Un sistema viviente posee un orden orgánico programado a la perfección, que se transforma en todo momento, no como una máquina computarizada, sino como un holograma vivo, cuyos cambios abarcan la totalidad.

El inconsciente vital genera las afinidades, instintos, vivencias, estados de humor, sensaciones corporales, todo aquello que surge sin participación del pensamiento. Al principio será difícil para los psicoterapeutas comprender que la vía de acceso al inconsciente vital no es aquella de las imágenes mentales, pensamientos asociados, recuerdos o inducción de procesos transferenciales. La única vía de acceso al inconsciente vital es la vivencia. La vía regia para inducir vivencias capaces de mudar el humor endógeno es Biodanza.

El principio biocéntrico se inspira en la intuición el universo organizado en función de la vida y consiste en una propuesta de reformulación de nuestros valores culturales, que toma como eje fundamental el respeto por la vida.

El principio biocéntrico propone la potencialización de la vida y la expresión de sus poderes evolutivos. Biodanza es, desde este punto de vista, una poética de lo viviente, fundamentada en las leyes universales que conservan y permiten la evolución de la vida. Todas las acciones de Biodanza se orientan en resonancia con el fenómeno profundo y conmovedor de la vida.

Participamos del pensamiento visionario de Alberto Schweitzer:

“Meditando sobre la vida, siento la obligación de respetar cualquier voluntad de vida a mi
alrededor, por ser igual a la mía”.

La idea fundamental del bien es que éste consiste en preservar la vida, en favorecerla, en conducirla a su valor más alto; y que el mal consiste en aniquilar la vida, lastimarla, poner trabas a su florecimiento.

No es difícil descubrir, en la perfecta organización de los seres vivos (plantas o animales), una determinación genética que sigue
rigurosamente el programa morfogenético y fisiogenético, que no depende del comportamiento voluntario ni de la intencionalidad.

Francisco Varela examinó la autoorganización de los sistemas vivos. Humberto Maturana inició los grandes interrogantes sobre la ‘autopoyesis’ (el organismo que se genera a sí mismo), en el libro «Las máquinas y los seres vivos». Un sistema viviente posee un orden orgánico programado a la perfección, que se transforma en todo momento, no como una máquina computarizada, sino como un holograma vivo, cuyos cambios abarcan la totalidad.

El inconsciente vital genera las afinidades, instintos, vivencias, estados de humor, sensaciones corporales, todo aquello
que surge sin participación del pensamiento. 

 La única vía de acceso al inconsciente vital es la vivencia.

Bibliografia:
– Apuntes de la formación de Profesores de Biodanza. Escuela Modelo. Chile -Rolando Toro Araneda “Biodanza” Editorial
Cuarto propio y espacio Indigo  Chile – 2007

– Rolando Toro, Orígenes de Biodanza Estudio y recopilación de Rodrigo Toro